christopher soto (loma)

presentado por Willy Palomo

Para mí es indiscutiblemente sagrado estar en la presencia de alguien que ha sobrevivido a los muchos rostros de la muerte, solo para transformar su angustia en un amor más profundo, en perdón y en furia para apoyar a sus compañerxs marginadxs.

Frente a la violencia doméstica y la intolerancia en su casa, Christopher Soto pasó parte de su juventud buscando un hogar verdadero: “A los 16 años tenía más amigos y familiares muertos de los que quería contar”, escribe. “Rory se suicidó, James tuvo una sobredosis de metanfetaminas, Ashley murió mientras dormía, Grant fue atropellado por un carro, Arif recibió un disparo, el Tío Tonio tuvo una sobredosis de cocaína, el Abuelo Papo tuvo un ataque al corazón, la Abuelita Ana solo estaba vieja y la lista continúa...”. Sin embargo, de alguna manera, incluso en el crisol de la pérdida y la angustia, Soto escribió y escribió y escribió. Escribió poemas que un día le ganarían una carta de aceptación en la Universidad de Nueva York (NYU, por sus siglas en inglés), para cursar una de las Maestrías en Bellas Artes más prestigiosas de los Estados Unidos, de donde se graduó en 2015.

Desde entonces, Soto ha utilizado su plataforma para luchar por la dignidad y sobrevivencia de su comunidad. En 2015, co-lanzó la campaña UndocuPoets, junto a Marcelo Hernández Castillo y Javier Zamora, para terminar con la discriminación basada en la condición de poseer o no la ciudadanía estadounidense y para participar en concursos literarios.

En 2016, publicó Sad Girl Poems (Poemas de una niña triste) con la editorial Sibling Rivalry Press y se fue de gira para poner fin a la falta de vivienda para los jóvenes LGBTIA+. Por otra parte, en 2018 publicó “Nepantla: An Anthology Dedicated to Queer Poets of Color” (Nepantla: Una antología dedicada a poetas cuirs/maricas de color). Es unx abolicionistx de la prisión latin@ punk marica. Actualmente vive en Brooklyn, Nueva York.

La poesía de Soto es un ejemplo ilustrativo de la amplitud de la experiencia salvadoreña. En la lírica punk cincelada de Yo Cuando Soy Real, Soto teje alusiones al músico de jazz Charles Mingus, al poeta e ícono salvadoreño Roque Dalton, a la artista mexicana Frida Kahlo y a la guerrera indígena brasileña Tuira Kayapo, en un poema sobre la fragilidad del amor. En Esos Domingos alude al poeta afroamericano Robert Hayden, en una elegía sobre la violencia doméstica, la mariconada y su amor perdido, Rory. Y, en A Favor de la Violencia, escribe con la voz de 200 mujeres de la India que mataron a su violador en el piso de la Corte de Nagpur, en 2004.

Lo que me impresiona es que gente como Soto —maricas, punks, diaspóricxs— frecuentemente no son imaginadxs como parte del canon salvadoreño, cuando las partes más brutales de su historia se parecen a la historia de muchxs salvadoreñxs: marginadxs, buscando un hogar y triunfando por poco sobre la muerte.